domingo, 10 de marzo de 2013

Huesos


   
             A principios de octubre del 2011 supe que en el antirrábico había un perrito.  El perrito iba a ser sacrificado al día siguiente si nadie lo adoptaba. Recordé que alguna vez mi abuelo me conto una historia que decía: iba un señor caminando por la calle. Hacia frio y  llovía mucho cuando vio en la vereda a un perrito sin abrigo, empapado y flaco. El señor miro al cielo y pregunto indignado, — ¿Dios cómo es posible que este animal tenga que pasar por este sufrimiento y no hagas nada por él?    A lo que dios respondió  —Te equivocas.  Estoy haciendo algo por él. Te puse en su camino para que lo ayudes.

           Siempre ame a los animales y la idea de poder darle un hogar al perrito me gusto. El permiso de mis padres no iba a ser obstáculo cuando les contara la situación. La idea de tener una mascota no les incomodó a mis papás y me dieron permiso. La única condición que me pusieron mis padres fue la de que yo me tenía que hacer cargo de su cuidado y alimentación.

          Estaba muy  feliz que antes de tener al perro fui a comprar  comida, un collar y una cadena. Fui a dejar las compras a mi casa y me dirigí al lugar donde tenían al perro.  Cuando lo vi, me di cuenta que la decisión que estaba tomado era la correcta. El estado de flaqueza que tenía me hizo llorar. De ahí saque el nombre de huesos. No sé cómo nadie se había interesado antes por él. Huesos no es un perro de raza pero es bonito.

          Parecía que me había estado esperando ya que en cuanto me vio empezó a ladrar y a menear su colita sin parar. Huesos tenía apenas 1 año de edad por lo que era muy juguetón. Al llegar a mi casa, a pesar de su estado físico, no fue comida lo primero que busco si no que corrió a morder una pequeña  pelota de esponja de mi hermana. 
          Huesos, con su carisma y alegría, le puso un toque especial a mi familia. En el triciclo mi hermana y huesos juegan sin parar; con una cuerda en el asicó y atada al triciclo huesos jala de la cuerda dándole un paseo a mi hermana en el patio.   Huesos es ahora quien me da la bienvenida por las tardes con un fuerte ladrido cuando regreso a casa.

          Huesos ahora es un perro lindo, fuerte y obediente de 3 años de edad. 

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