domingo, 3 de marzo de 2013

El receso



Después de la clase de matemáticas comenzó el receso. Al escuchar la campana de suspensión de clases  mi mente  empezó a imaginar cosas pero sobre todo tenía miedo  al desprecio de mis compañeros. No tardo ni un minutó  para que mis compañeros de clase salieran corriendo al patio.

Yo por el miedo a mis compañeros decidí no salir. Desde la ventana miré cómo los niños se divertían jugando futbol  y las niñas, cómo era de esperarse, solo platicaban muy entretenidamente en su grupito. Habían estado jugando 15 minutos antes de que se les volara el balón. Cómo ya no pudieron recuperar el balón; los  dos niños que me habían estado molestando tuvieron que buscar otra distracción. Para mala fortuna mía esa otra distracción era yo.  Ahora ya no tenía que aguantar solo sus burlas ya que  empezaron a golpear mi mochila. En ese instante mi cuerpo ardía de coraje: tenía ganas de sujetarlos, ponerlos contra la pared y tundirlos a golpes. Cuando estaba a punto de enloquecer y saltarle a golpes al niño chaparro, pecoso y gordito  que pateaba mi mochila las palabras de mi madre me hicieron reaccionar y calmar mi coraje.

Con un tono sumiso les pedí que me dejaran de molestar y patear mi mochila.  Al niño pecoso apodado el “pua”  no le importaron mis palabras y salió corriendo del salón con mi mochila.

El otro sujeto se paró en la puerta  y me impidió el paso. Ya faltaban 5 minutos para que se terminara el receso y yo estaba en el salón sin saber dónde estaba mi mochila.

Tenía que salir: empujé al niño, salí corriendo, revisé para todos lados y no vi al pua. Busqué desesperado por todos lados y no encontré ni mi mochila ni al pua. Sonó la campana  ya tenía que dirigirme a mi salón de clases cuando vi desde lejos, afuera del baño, al pua con mi mochila y su compañero riéndose como tontos de mí. Dejaron mi mochila en mi lugar y esperaron a que llegara a la puerta para decirme “hay esta tu mochila y no te pongas a llorar. Te vemos más al rato niñita”. Con los puños apretados de coraje, sin decir nada, los mire, entre al salón y con los ojos llorosos me senté. Ahora sólo planeaba un plan de escape para la salida.
Las clases terminaron…..

No hay comentarios:

Publicar un comentario