domingo, 24 de marzo de 2013

Punto final



     
Ya tenía casi medio año que había terminado con Karen. Era una mañana fría de diciembre cuando el despertador interrumpió mi sueño para comenzar mi rutina diaria. A pesar del molesto frio no me quedaba más que levantarme; así que me vestí, desayune y salí rumbo a la universidad. Todo aparentaba que iba a ser un mal día; hacia un frio espantoso, el tráfico era desesperante y la silbatina continúa de los autos me empezaba a poner de mal humor. A pesar del mal trayecto que iba teniendo no impidió, que como siempre, la universidad de mi exnovia me trajera bonitos recuerdos de ella.    

       Los recuerdos de mi viejo amor no facilitaban mi existencia y ya quería ponerle punto final a esa situación. Recuerdo que ya era muy tarde para llegar a mi primera clase, y al llegar a la estación del metro Rosario ya caminaba sin apuros. Caminar ya solo era por instinto; ya no tenía destino fijo. Caminaba en un pasillo cuando vi una chica que cumplía el perfil de mujer que me gusta; cabello corto, no muy alta, tez morena y delgada. Ella recogía hojas de papel del suelo, y cuando me ofrecí a ayudarle su linda mirada y sonrisa me congelaron  e hicieron que  cada vello de mí se erizara. En realidad era mucha su belleza, tanta que no puedo describir todo lo que sentí al estar hincado frente a ella.

       Parecía una mujer sacada de un cuento de hadas, la mujer que soñaba y anhelaba tener. “Muchas gracias”, me dijo. De lo atónito que me sentía no pude responderle, y solo observe como la posible chica de mis sueños se alejaba cada vez más con cada paso que daba. Me pregunte, “¿será posible que quiera tener una cita conmigo?”. Así que ahora camine sin perder su ruta entre un juego de va y ven de gente. Cuando al fin se detuvo, en la parada del metro,  me pare a lado de ella, y no le pude decir las palabras que quería decirle. Nuevamente, solo pude observar su linda mirada y sonrisa marcharse a bordo del metro. Decepcionado de mí reanude mi camino hacia la universidad.  

      Ha pasado casi 1 mes del ocurrido y sigo con la esperanza de volver a tener la oportunidad de ver los ojos y la sonrisa que me han cautivado.

domingo, 17 de marzo de 2013

"Necesito un tiempo"





En el mes de Mayo de 2011, luego de 7 meses de noviazgo Karen, mi novia, me informa que se va a ir de viaje con sus compañeros de escuela a realizar una investigación al Estado de Puebla por cuatro días. Su noticia no me gusto ya que estaba acostumbrado a pasar las tardes del fin de semana con ella y por lo tanto tendría que regresar a mi rutina aburrida; despertar, realizar quehacer de casa, salir a trabajar, hacer tarea y dormir. En ese entonces yo tenía 19 años y ella 20.

Se fue un viernes por la noche y tenía que regresar al martes próximo. Estaba claro que no me  había extrañado y que se la había  pasado muy bien ya que durante todo el tiempo que estuvo fuera su celular lo mantenía apagado y no se comunicó conmigo. Su desinterés por comunicarse conmigo me tenía enfurecido y esperaba su regreso para salir corriendo a reclamarle.

La noche del día de su regreso fui a su casa lleno de rabia y dispuesto a reclamarle lo sucedido. Al llegar a su casa toque el timbre y fue su padre quien me abrió la puerta y me invito a pasar. Al entrar la vi jugando con un videojuego, frente al televisor y con el control entre sus manos. Cuando me vio solo dijo “ah, hola mi amor”, y volvió a girar su cabeza para seguir jugando aproximadamente 10 minutos.

Cuando terminó me saludó con un frio beso en la mejilla y me invito a subir a su cuarto para platicar. Mi corazón latió más fuerte de lo normal como anunciando lo que sucedería más tarde.

Cuando llegamos al cuarto me dijo que me sentara y con una voz tenue pronunció la frase “necesito un tiempo”. Ante semejante recibimiento le dije que para mí los tiempos no existían, que si tenía dudas termináramos nuestra relación sin tantas vueltas. Mi proposición parecía que le había alegrado ya que se le notaba una tenue sonrisa y solo me respondió diciendo  “bueno, está bien”.  Así de simple destruyo nuestro noviazgo de 7 meses. 

Tome mis cosas, me despedí de sus padres y salí corriendo sin rumbo alguno. Sus palabras me destrozaron. Sentía lágrimas sin parar recorrer mis mejillas. Lágrimas que parecían ser los restos de mi alma hecha pedazos.  

Sin duda alguna, ella ha dejado  un hueco en mi alma que crese y duele más cada vez que la veo.

 
 
 

domingo, 10 de marzo de 2013

Huesos


   
             A principios de octubre del 2011 supe que en el antirrábico había un perrito.  El perrito iba a ser sacrificado al día siguiente si nadie lo adoptaba. Recordé que alguna vez mi abuelo me conto una historia que decía: iba un señor caminando por la calle. Hacia frio y  llovía mucho cuando vio en la vereda a un perrito sin abrigo, empapado y flaco. El señor miro al cielo y pregunto indignado, — ¿Dios cómo es posible que este animal tenga que pasar por este sufrimiento y no hagas nada por él?    A lo que dios respondió  —Te equivocas.  Estoy haciendo algo por él. Te puse en su camino para que lo ayudes.

           Siempre ame a los animales y la idea de poder darle un hogar al perrito me gusto. El permiso de mis padres no iba a ser obstáculo cuando les contara la situación. La idea de tener una mascota no les incomodó a mis papás y me dieron permiso. La única condición que me pusieron mis padres fue la de que yo me tenía que hacer cargo de su cuidado y alimentación.

          Estaba muy  feliz que antes de tener al perro fui a comprar  comida, un collar y una cadena. Fui a dejar las compras a mi casa y me dirigí al lugar donde tenían al perro.  Cuando lo vi, me di cuenta que la decisión que estaba tomado era la correcta. El estado de flaqueza que tenía me hizo llorar. De ahí saque el nombre de huesos. No sé cómo nadie se había interesado antes por él. Huesos no es un perro de raza pero es bonito.

          Parecía que me había estado esperando ya que en cuanto me vio empezó a ladrar y a menear su colita sin parar. Huesos tenía apenas 1 año de edad por lo que era muy juguetón. Al llegar a mi casa, a pesar de su estado físico, no fue comida lo primero que busco si no que corrió a morder una pequeña  pelota de esponja de mi hermana. 
          Huesos, con su carisma y alegría, le puso un toque especial a mi familia. En el triciclo mi hermana y huesos juegan sin parar; con una cuerda en el asicó y atada al triciclo huesos jala de la cuerda dándole un paseo a mi hermana en el patio.   Huesos es ahora quien me da la bienvenida por las tardes con un fuerte ladrido cuando regreso a casa.

          Huesos ahora es un perro lindo, fuerte y obediente de 3 años de edad. 

domingo, 3 de marzo de 2013

El receso



Después de la clase de matemáticas comenzó el receso. Al escuchar la campana de suspensión de clases  mi mente  empezó a imaginar cosas pero sobre todo tenía miedo  al desprecio de mis compañeros. No tardo ni un minutó  para que mis compañeros de clase salieran corriendo al patio.

Yo por el miedo a mis compañeros decidí no salir. Desde la ventana miré cómo los niños se divertían jugando futbol  y las niñas, cómo era de esperarse, solo platicaban muy entretenidamente en su grupito. Habían estado jugando 15 minutos antes de que se les volara el balón. Cómo ya no pudieron recuperar el balón; los  dos niños que me habían estado molestando tuvieron que buscar otra distracción. Para mala fortuna mía esa otra distracción era yo.  Ahora ya no tenía que aguantar solo sus burlas ya que  empezaron a golpear mi mochila. En ese instante mi cuerpo ardía de coraje: tenía ganas de sujetarlos, ponerlos contra la pared y tundirlos a golpes. Cuando estaba a punto de enloquecer y saltarle a golpes al niño chaparro, pecoso y gordito  que pateaba mi mochila las palabras de mi madre me hicieron reaccionar y calmar mi coraje.

Con un tono sumiso les pedí que me dejaran de molestar y patear mi mochila.  Al niño pecoso apodado el “pua”  no le importaron mis palabras y salió corriendo del salón con mi mochila.

El otro sujeto se paró en la puerta  y me impidió el paso. Ya faltaban 5 minutos para que se terminara el receso y yo estaba en el salón sin saber dónde estaba mi mochila.

Tenía que salir: empujé al niño, salí corriendo, revisé para todos lados y no vi al pua. Busqué desesperado por todos lados y no encontré ni mi mochila ni al pua. Sonó la campana  ya tenía que dirigirme a mi salón de clases cuando vi desde lejos, afuera del baño, al pua con mi mochila y su compañero riéndose como tontos de mí. Dejaron mi mochila en mi lugar y esperaron a que llegara a la puerta para decirme “hay esta tu mochila y no te pongas a llorar. Te vemos más al rato niñita”. Con los puños apretados de coraje, sin decir nada, los mire, entre al salón y con los ojos llorosos me senté. Ahora sólo planeaba un plan de escape para la salida.
Las clases terminaron…..

domingo, 24 de febrero de 2013

Escuela secundaria



El primer día de clase fue espantoso. Recuerdo que eran las seis de la mañana y estaba listo para dirigirme a la estación de camiones. Traía el uniforme puesto: pantalón de vestir, camisa blanca, suéter rojo y corbata azul.  Cuando aún no abría la puerta de mi casa escuché decir a mi madre “Espera, yo te acompaño”. La propuesta de mi madre no me pareció mal y acepté sin reproches que me acompañara.

Eran las seis de la mañana cuando tomamos el camión para dirigirnos a la secundaria. Durante el recorrido observé que no  había ningún estudiante hombre acompañado de su madre. En ese momento no le di importancia.

Cuando llegamos a la escuela me despedí de mi mamá con un abrazo fuerte. En la despedida mi madre me dijo “No te metas en problemas y te cuidas mucho”. Después de escuchar a mi madre me dirigí a la puerta a ver las listas de alumnos de nuevo ingreso. Busqué mi nombre y me desplacé al salón indicado en listas.

Mientras iba caminando por el patio principal hacia mi salón observé cómo los alumnos, que ya se conocían, se insultaban y se golpeaban unos a otros.

Al momento de entrar no vi a nadie conocido. Todos estaban platicando y parecía que no habían notado mi llegada, ya que todos siguieron en su relajo.

Al ver que nadie se fijaba en mí lo primero que hice fue sentarme en la butaca que estaba en frente. Mientras esperaba sentado a que llegara el profesor, escuché cómo a manera de burla un niño le decía a su compañero “Mi mama me trajo para que no me fuera a perder”.

Me apeno escuchar su burla una y otra vez: aproximadamente ocho minutos.

Al fin vi a una persona mayor de edad entrar al salón, y anunciar: “Niños, tomen un lugar y permanezcan callados mientras paso asistencia”.

Las clases iban a dar comienzo. Como era de esperarse de las primeras clases del semestre, en todas las clases nos la pasamos presentándonos y diciendo algunos gustos individuales.

El receso llegó y…




domingo, 17 de febrero de 2013

¿¿¿No Que Muy Salsa???





Recuerdo que me encontraba en una fría mañana del 2006. Estaba a bordo de un automóvil con mis padres a un costado mío. El auto tenía como destino el lugar a dónde  iba a  probar mi suerte y las cualidades que tanto presumía de mí.


Al llegar al lugar que había esperado con alegría, entusiasmo e ilusión: descendí del auto lo  primero que percibí  fue un clima fresco, con aroma a tierra húmeda y un  ruido de una corriente de agua cuando levanté la vista me encontré con el terreno de juego: la cancha con el pasto mojado, rodeada de árboles, sembradíos de alfalfa y un rio que pasaba a un costado de los alfalfares.  

Era aproximadamente 7:30 de la mañana. Veía cómo empezaba a llegar gente caminando y en autos. Eran aspirantes  a uno de los lugares que estaba buscado.

Minutos después empecé a preparar mi equipo para vestirme: vendas, calcetas, short, playera, espinilleras y zapatos. Justamente al término de prepararme llegaron dos personas que  eran las encargadas de realizar las pruebas; que a su vez era el director técnico y el preparador físico del equipo Nopaleros.

El comienzo de las pruebas se acercaba. Las emociones en mi cuerpo eran variadas pero sobre todo tenía mucha ansiedad. Recuerdo la voz del preparador físico diciendo “Todos los aspirantes síganme”. Al escucharlo sentí como mis piernas temblaban de emoción. Los demás aspirantes y yo lo seguimos: manteniendo el mismo ritmo de trote. Después de correr 40 minutos detrás del preparador empezaba a ya no estar tan seguro de mí. Sentía el sudor de mi frente deslizarse por mis mejillas, escuchaba el cecear de los demás y mis piernas empezaban a cansarse. Cuando escuché al preparador físico decir “En la esquina le paramos jóvenes”. Llegando a la esquina los movimientos de estiramiento empezaron.   

Al término del estiramiento el director técnico menciono “Tomen una casaca, un balón, consigan a un compañero y comiencen a tocar el balón”. Fue en ese momento en el que conocí a  Gerardo.

Gerardo y yo empezamos a pasarnos el balón. Mientras lo acianos y observando a las demás parejas me percate que la competencia por los lugares estaba muy reñida. Después de 15 minutos el DT menciono  “ahora si ha llegado el momento de que muestren lo que saben hacer”. El DT realizo cuatro equipos. Gerardo juega la posición de delantero mientras que yo juego de defensa. Se iban  a realizar dos juegos y me tocaba jugar el primero. Con Gerardo y yo en el mismo equipo entramos a la cancha y se izo sonar el silbato del preparador físico…………