Ya tenía casi medio año que había terminado con Karen. Era una mañana fría de diciembre cuando el despertador interrumpió mi sueño para comenzar mi rutina diaria. A pesar del molesto frio no me quedaba más que levantarme; así que me vestí, desayune y salí rumbo a la universidad. Todo aparentaba que iba a ser un mal día; hacia un frio espantoso, el tráfico era desesperante y la silbatina continúa de los autos me empezaba a poner de mal humor. A pesar del mal trayecto que iba teniendo no impidió, que como siempre, la universidad de mi exnovia me trajera bonitos recuerdos de ella.
Los recuerdos de mi viejo amor no facilitaban mi existencia y ya quería ponerle punto final a esa situación. Recuerdo que ya era muy tarde para llegar a mi primera clase, y al llegar a la estación del metro Rosario ya caminaba sin apuros. Caminar ya solo era por instinto; ya no tenía destino fijo. Caminaba en un pasillo cuando vi una chica que cumplía el perfil de mujer que me gusta; cabello corto, no muy alta, tez morena y delgada. Ella recogía hojas de papel del suelo, y cuando me ofrecí a ayudarle su linda mirada y sonrisa me congelaron e hicieron que cada vello de mí se erizara. En realidad era mucha su belleza, tanta que no puedo describir todo lo que sentí al estar hincado frente a ella.
Parecía una mujer sacada de un cuento de hadas, la mujer que soñaba y anhelaba tener. “Muchas gracias”, me dijo. De lo atónito que me sentía no pude responderle, y solo observe como la posible chica de mis sueños se alejaba cada vez más con cada paso que daba. Me pregunte, “¿será posible que quiera tener una cita conmigo?”. Así que ahora camine sin perder su ruta entre un juego de va y ven de gente. Cuando al fin se detuvo, en la parada del metro, me pare a lado de ella, y no le pude decir las palabras que quería decirle. Nuevamente, solo pude observar su linda mirada y sonrisa marcharse a bordo del metro. Decepcionado de mí reanude mi camino hacia la universidad.
Ha pasado casi 1 mes del ocurrido y sigo con la esperanza de volver a tener la oportunidad de ver los ojos y la sonrisa que me han cautivado.