En el mes de Mayo de 2011, luego de 7 meses de noviazgo Karen, mi novia, me informa que se va a ir de viaje con sus compañeros de escuela a realizar una investigación al Estado de Puebla por cuatro días. Su noticia no me gusto ya que estaba acostumbrado a pasar las tardes del fin de semana con ella y por lo tanto tendría que regresar a mi rutina aburrida; despertar, realizar quehacer de casa, salir a trabajar, hacer tarea y dormir. En ese entonces yo tenía 19 años y ella 20.
Se fue un viernes por la noche y tenía que regresar al martes próximo. Estaba claro que no me había extrañado y que se la había pasado muy bien ya que durante todo el tiempo que estuvo fuera su celular lo mantenía apagado y no se comunicó conmigo. Su desinterés por comunicarse conmigo me tenía enfurecido y esperaba su regreso para salir corriendo a reclamarle.
La noche del día de su regreso fui a su casa lleno de rabia y dispuesto a reclamarle lo sucedido. Al llegar a su casa toque el timbre y fue su padre quien me abrió la puerta y me invito a pasar. Al entrar la vi jugando con un videojuego, frente al televisor y con el control entre sus manos. Cuando me vio solo dijo “ah, hola mi amor”, y volvió a girar su cabeza para seguir jugando aproximadamente 10 minutos.
Cuando terminó me saludó con un frio beso en la mejilla y me invito a subir a su cuarto para platicar. Mi corazón latió más fuerte de lo normal como anunciando lo que sucedería más tarde.
Cuando llegamos al cuarto me dijo que me sentara y con una voz tenue pronunció la frase “necesito un tiempo”. Ante semejante recibimiento le dije que para mí los tiempos no existían, que si tenía dudas termináramos nuestra relación sin tantas vueltas. Mi proposición parecía que le había alegrado ya que se le notaba una tenue sonrisa y solo me respondió diciendo “bueno, está bien”. Así de simple destruyo nuestro noviazgo de 7 meses.
Tome mis cosas, me despedí de sus padres y salí corriendo sin rumbo alguno. Sus palabras me destrozaron. Sentía lágrimas sin parar recorrer mis mejillas. Lágrimas que parecían ser los restos de mi alma hecha pedazos.
Sin duda alguna, ella ha dejado un hueco en mi alma que crese y duele más cada vez que la veo.
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